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3/11/2019

Hotel insomnia. Charles Simic

















Prólogo. Cabaret Simic. Coleccionista de detritus,  de festivales de seres desahuciados, creador de cajas verbales cuyos bordes están hechos de inteligencia y azar. Simic: escenógrafo de lo insólito, codicioso del extrañamiento. Escribe barras de humor para dislocar los terrenos de lo solemne: la didáctica contra la libertad. Desorientación. Parodia. Errancia. 



Uno. Hotel Insomnio: "la falta de sueño es como la metafísica". Al dejar de respirar habrá un cine y un acomodador con su linterna. Fotografías de músicos a medio dormir. Percibir los objetos hasta encontrar su extrañeza. Esquinas en las que cuelgan hombres desnudos, desangrándose. Ciudades: óperas en llamas. En el equipaje de los vagabundos la historia contemporánea. La escritura: aparato de dimensiones: expedición polar, insectos y "afiches de la Muerte en cada habitación". Nuestra vida se definen por nuestro trato con las mercancías. Convertir escenas trágicas del Este de Europa en chistes mudos.








La oscura lluvia matutina
Que debía caer
Sobre una prisión y un patio escolar,
Caía en realidad
Sobre mi madre y su viejo perro.

Ahora ella arrastra lento
Los zapatos domingueros de mi padre.
El perro a su lado
Tiembla a cada paso
para no quedarse atrás.

Estoy en otro rincón, esperando
Con la cabeza afeitada.







Hotel Insomnio. Alteraciones de la percepción. Ruidos que se magnifican hasta hacerse intolerables. La memoria: fósforo que consume la ropa de papá y mamá. La escritura: postales de sordomudos que resuelven crucigramas. Leer el movimiento de los acuarios y de las jaulas de los pájaros. El paraíso: restaurante atendido por dioses en trajes verdes de terciopelo que solo hablan sánscrito.  





Parecía el tipo de vida que queríamos.
Frutillas con crema a la mañana.
Sol en cada cuarto.
Nosotros caminando desnudos junto al mar.

Ciertas noches, sin embargo, algo
nos inquietaba.
Como actores trágicos en un teatro en llamas







Dos. Canciones tradicionales. Hombres y mujeres se desangran, cuelgan de las esquinas hablan de la juventud de mamá y papá, de países que se inventaron luego del Renacimiento. 







Guerra

El dedo tembloroso de una mujer
Baja por la lista de víctimas
La tarde la primera nieve.

La casa está fría y la lista es larga.

Todos nuestros nombres figuran ahí.







Estudiar teología por correspondencia. Fotografiar casas deshabitadas con televisores encendidos. Insomnio: casa de empeños atendida por lectoras de la fortuna. Cerca de la carretera hay un campo de fútbol y un cementerio, algunas veces los servicios fúnebres se detienen para observar un penalti. El humor de los libros de leyes. Proteger las cucharas con preservativos fosforescentes. Usar la Geografía como un amuleto. 






Los esquimales asolaban el Perú.
El abuelo peleó contra los hititas.
Mi madre vendía petardos a los beduinos.

Una noche de luna llena
Encontró al león que había comido a Tólstoi.

Éramos reclusos de un orfanato en Cracovia.
Una prisión en Panamá;
Una escuela de mendigos en Génova.

Mi hermana insistía en rescatar vaquitas de San Antonio.
Por subterráneos corredores lúgubres
Llevaba la criatura brillante y temblorosa
Sobre la uña de su dedo índice.

Nuestro Destino era un científico chiflado
Que trabajaba en un taller.

En París conocí a una dama rusa que fregaba pisos en la ópera
Con una rosa entre los dientes como Carmen.

Mi padre hacía de muerto en una película alemana.
Muda.
El pianista parecía Edgar Allan Poe con turbante marroquí.

Afuera de un motel rosado en Arizona cantamos:
“Te amamos, vida,
Aunque te ríes de nosotros todo el tiempo”.

Al día siguiente me uní a los tibetanos.
Tenían una montaña sagrada
Desde la que se podía ver Los Ángeles.

Queso de cabra sardo, aceitunas griegas,
                                 Salchicha húngara
Sobre la mesa-
Porque la memoria da hambre.

Sobre el lomo de un tiburón dormido
Cruzamos el tormentoso Atlántico
Turnándonos para remendar el vestido de novia
de la abuela.
Que usamos como vela.

En América las pantallas de cine eran grandes
                            como pirámides.

Broadway era un río como el Amazonas.
Cabezas de ahogados emergían con los ojos abiertos:
Ofelias y Valentinos por doquier.

En Japón atrapaban fantasmas
Con palillos.
En Ámsterdam había un árbol de navidad en un prostíbulo.

Me paré en la esquina con los Zulúes.
Esperábamos las campanas de los locos,
El filtro de amor de la gitana,
Que llegara el general Washington a caballo
Y cabeceara en nuestra dirección.







Tres. Paisajes que no están en las guías turísticas. Objetos extraviados bajo la nieve. Vagabundos que duermen de pie. Una mujer tiende la ropa, el viento le alza el camisón, ella se cubre las nalgas. En el lote baldío dos niños encontraron un traje de astronauta, lo vendieron por 100 dólares, fueron los héroes nacionales por tres minutos. 





Después de la carnicería
Que tiene la cabeza de cerdo en la vidriera
Y el perro que espía
Por la cerradura.

Después del sex-shop,
Hay un hombre despierto
En un cuarto extraño
Con la boca abierta
Como un muerto,
Tratando de recordar
Cómo fue que llegó hasta ahí.























Hotel Insomnia
Charles Simic
Traducción: María Negroni & Federico Barea
Prólogo: María Negroni
Zindo&Gafuri






8/29/2014

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J'écris pour me parcourir
Henri Michaux

On ne comprendrait pas le fini sans l'infini
Nouveau traité d'astronomie
à l'usage des demoiselles



Prólogo

El universo, escribió Lewis Caroll, contiene cosas, por ejemplo yo, Londres, el color escarlata, la carta que recibí ayer. La lista podría aumentarse porque el universo, se sabe, coincide con el infinito sueño de ser Nada. Así, alguien podría proponer el otoño de 1536, o un vasto río aéreo de pájaros perdidos, o los chicos que se enamoran de la maestra, o el poema justo, el que se conoce antes de ser leído, y todavía nada se habría agotado, nada habría empezado a perder su derecho al vacío.
Quizá por esa razón, lo que llamamos un mapa es un conjunto de líneas diversas que funcionan al mismo tiempo como armadura, premonición, código lingüístico y colección arbitraria de la memoria. Hay líneas que representan algo y otras que son abstractas. Las hay que forman contornos y las que no, éstas son las más hermosas. Las líneas son los elementos constitutivos de los acontecimientos, los que vivimos con otros, los que vivimos a solas, los que soñamos o tememos, algo así como un escenario dispuesto para el periplo de los deseos. También son las coordenadas que nos ayudan a perdernos, a agotar aquello que sabemos, y así llegar más rápido al cansancio y a la entrega. No sería otra cosa la escritura, el sueño de unos paseos interminables por paisajes olvidados, una grafía incierta donde cada lugar es un mundo (un espacio interior) que indica sólo lo impronunciable: esa quietud inspirada donde buscamos reconocernos, unirnos a aquello de nosotros mismos que pertenece al Absoluto, en el que todo participa.



1. Little Nemo en el País del sueño
- Saavedra y Belgrano -

Dos niños trepan a un rascacielos para ver el edificio más alto de la ciudad. Cuando alcanzan la cima, ven que un segundo edificio, pegado al primero, les tapa la visión. Trepan entonces otra vez, como si subieran a cubos con letras o a un tablero de ajedrez vertical. Pero la cima del segundo edificio vuelve a lindar con otro edificio más alto y de nuevo, se ven obligados a seguir subiendo y así. ¿Se les está tendiendo una trampa? Sí y no. Los niños creen en Dios, pero Dios para ellos puede ser un incansable arquitecto de obstáculos, una premonición de la absoluta otredad de lo absoluto.
También los poetas, como los niños, se quedan mudos frente al lenguaje, desconfían de la inteligencia (que no es sabia), de las paradojas y la falsa astucia de los oxímorons.
Los niños siguen trepando. EN cada edificio hay sombras que proyectan el sentimiento más humano, la vergüenza, y también las apariencias del mundo, los diversos universos de tiempo y materia. De vez en cuando, los niños repiten los mismos gestos, lloran, ríen , tienen sed o miedo. Son gestos que nadie les enseñó y que contienen en germen todas las entonaciones de las grandes preguntas que se formularán en la vida. Lo que vemos es la batalla de Sísifo desprovista de la caída (porque la caída es también el ascenso interminable), la batalle entre Alguien y Nadie, el poema donde el alma desnuda sus cronologías. De vez en cuando, los niños miran el cielo como si quisieran establecer una relación entre lo personal y lo cósmico. Suben como obedeciendo a una fuerza lírica, con una suerte de alegría ensoñada en no saber qué habrá después. Todo levemente absurdo y bello.




2. De Harmonia o Aguas Danzantes: Una partitura musical
- Ciudad Deportiva de la Boca -

En Harmonia, la vida se encuentra organizada en series, ligas, pequeñas hordas infantiles y cuerpos de vestales. Se vive como en un hotel, sin nada que disimule la efímera duración de las cosas. Reina, de vez en cuando, una luz de aurora borealis que facilita el cálculo de las pasiones, es decir esas fuerzas vívidas y espontáneas que impelen a los seres hacia un objeto inexistente. Hay fuentes, sectores para gente vestida, representaciones artificiales de la lluvia, casitas de Hansel & Gretel, pabellones para actos patrióticos, carteles de Prohibido Pescar(donde no hay agua) y parques de atracciones para la educación lúdica de los obreros.
Por lo demás, al ingresar, cada harmonio recibe la casa que merece. Hay casas estridentes, de colores brillantes, recubiertas de azulejos acústicos. Casas de descanso, eróticas, celestes, con paisaje lunar. Casas de la coincidencia, suspendidas sobre plazas verdes. Casas-circo que producen el efecto de un lavado de cerebro. Casas donde se escucha siempre la misma música: Noche transfigurada del alma, de Schoenberg.
En este sitio, reinan los prodigios como en un cuento de hadas. En ciertas efemérides, los socios sueñan con cruzar el gran desierto del Sahara. A veces, en esos sueños, son juzgados por un tribunal de niños cuya misión, dicen, consiste en castigarlos para así ahorrarles la idea de la muerte.



3. Trobar Clus: Tracción a sangre con botellero
- Estados Unidos y Deán Funes -

Cabalgando sobre su palafrén, se dirigía hacia la Corte para ser nombrado caballero cuando, acunado por el traqueteo de su cabalgadura, se durmió. Pero, al llegar a una fuente, el animal se detuvo a beber y el escudero, que sintió en el sueño que ahora el caballo ya no se movía, se despertó de repente. Así el poeta, dormido sobre el caballo del verso, se despierta y contempla, por un instante, la inspiración que lo transporta. Gaya ciencia, componer un vers de dreit nien, ejecutar ese gesto donde coinciden dormir en la montura y partir como una flecha. De sobra sabe el caballero los peligros de nombrar. Nunca la vi y la amo tanto, escribe, por poco se me parte el corazón. Y de ese modo, venciendo el clima, la fatiga, el sufrimiento, evoca el infinito, y la dama que se oculta, y se desvive en su nada de cosa vencida como una cortezía de la pasión.











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4. Pavarotti en Aulide
- Zepita y Luna: Villa 21 -

No se ve ninguna iglesia. No se escuchan bocinas. No hay jugadores de tenis, ni señores con traje y pelo cortito. No hay cortejos fúnebres, ni un bed & breakfast, ni liquidaciones de invierto. Nadie dice la tristeza es una disidencia, ni detesto a Pavarotti, ni he visto barcos de fuego en Alpha Centauri. Nadie come masitas. No hay puestos de souvenirs ni de flores, ni vendedores de garrapiñada o manzanita-higo. No hay reparticiones públicas ni organizaciones no gubernalmentales. No hay alpinistas ni colombófilos ni estrellas de televisión. No existe una calle Atlas, ni un bar que se llame Au bout du monde. Pero hay sol. Hay nubes, ruiditos, una pintada en un muro. Har vértigo de vacío, una nostalgia impalpable por algo que no fue. Son 60 hectáreas cubiertas por 29 manzanas donde viven 30.000 personas. Una nena con trenzas y gorrito camina con su mamá sin tocar el suelo. Inercia de un sueño eterno o ejercicio del más simple derecho a existir. La bandera argentina, ondeando orgullosa sobre la villa.



5. Las aventuras de Tom Sawyer
- Dársena F -

Es mejor ser un niño sucio, pensó Tom. Un niño hambriento, abandonado y libre. Ah si pudiera morirme por unos días, pensó. Irme lejos, a buscar tesoros al pie de un viejo árbol, una espada, un tambor, una corbata colorada. Entonces el silencio vendría del río. Ávido él también de mundos fantásticos donde las leyes son otras, las cavernas palacios de Aladino, las estalactitas piedras de diamantes, las tormentas laberintos de ensueño y agua. Por un día, un año, una vida, el silencio vendría, escondido en el sótano del esqueleto de un barco llamado Démeter, o tal vez simplemente, Río Turbio o Triunfo o Doña Chela. Muchos nombres para muchos barcos, pensó Tom, o tal vez muchos barcos para muchos silencios. Esa noche, pensó, mismamente donde la sombra de una rama cae a medianoche, él y su amigo Huck, juzgarían a un gato acusado de asesinar a un pájaro. El silencio del río, pensó, o el río del silencio lo llevaría lejos. Marcha al Oeste, muchacho, le diría. A la fiebre del oro y a los pieles rojas. Al Far West y a las minas de Nevada. Y enseguida a St. Louis. Y luego a Cincinatti, a Hawaii, a Egipto, a Palestina, a Londres y después, a la fama fugaz y a la pobreza invencible del origen a la que siempre nos devuelve el círculo. Marcha al Oeste, muchacho, pensó Tom que le diría el silencio. Conquista y merece las ciudades fantasmas, los cielos que no existen, la infancia del arte, las almas que llegan, al fin, al deseo de ser deseadas. Me llamaré Clemens Samuel Langhorne, pensó Tom, pero el mundo me conocerá por mi nombre de aventuras, por mi nombre inventado que alude torpemente al silencio que soy, y también al que aún no he sido y el que no llegaré a ser.



6. Prohibido fijar carteles
- Maza y Chiclana -

¿Y si el tiempo fuera un espacio que se mueve? ¿Y nosotros figuras que llegamos tarde a eso que somos? ¿O tal vez no fuimos sino una insólita explosión, un estallido de luz en algún sueño remoto y aparecemos aquí como un resabio de algo muerto? Es difícil saber. En esta esquina todo es nada. Las personas, los objetos, las sombras se mueven lentamente en dirección a nunca. Nadie abriga sino deseos. No hay quien busque, como en los films de Buñuel, algo más sofisticado que el erotismo.
Lewis Carrol dibujó un cuadrado para fijar las coordenadas donde transcurre La Caza de Snark. En seguida lo tituló Mapa del Océano y lo dejó en blanco. También aquí el vacío ha dibujado un mapa, exacto y concentrado. A lo mejor la solución es no moverse, abandonarlo todo (familia, amigos, propiedades), traer un banquito y sentarse a observar: el camión de soda Ivess, el Depósito de Mercaderías en Tránsito, la chica y su filito en la pizzería Magistral. Son, tal vez, las dos de la tarde. Hace un frío de infancia. El aire se llena de promesas, es decir de formas sutiles del malentendido. Con un poco de esfuerzo, la esquina comenzará a girar y aparecerá una torre donde Melisenda peina sus cabellos o bien, abre su tul de insólitas palomas para que la blancura, por un solo instante inconcebible, sea perdonada.



7. Mis ladrillos y Paul Celan
- Alvarado y Agustín Magaldi. Villa 2-

Una niño juega en silencio con Mis ladrillos. Pero en el cuatro en el que está se ha desatado un huracán. Una tormenta invisible que tergiversa sus movimientos, lo empuja de un otoño desconocido a otro otoño desconocido, a recuerdos frágiles como tacitas de té. Por el piso, esparcidos, los ladrillos de goma y ese olor que se parece a la siesta, a los pensamientos prohibidos y, tal vez, a la poesía involuntaria.
O bien: nada de esto es cierto. En esta esquina hay un galpón siniestro donde un ex comisario remató la Ferrari de un presidente y el Mercedes Benz verde-nilo de una actriz de cuarta. Hay chorros y una fábrica de maniquíes y un bar terrible llamado La Ponderosa. La escena estaría en silencio si no hubiera un perro que ladra, una mujer que tira un balde de agua sucia a la vereda y unos cuantos jóvenes sin dientes que discuten, con igual vehemencia, los sucesivos plantes de arraigo y erradicación de sus propias villas.
Ah Erasmo, ¿e qué punto coinciden la definición de deseo y el deseo? ¿En qué momento el niño regresa al juego y su cuarto es el mundo donde se desmoronan la iniquidad, la desgracia, ese eterno viaje que somos, entre el ser verdadero y el falso, en el vacío inconcluso? El niño pone un ladrillo sobre toro, pero en la ciudad que construye, como un arquitecto inspirado, se multiplican los miedos, las casas precarias, los autos abandonados, los muertos abandonados, los sueños abandonados. ¿Cuál es la Ciudad? ¿Cuál es su Sombra? Nadie puede ser arquitecto -señaló John Ruskin- sin ser también metafísico. Tal vez por eso el niño, que nunca vajó a París ni entrará jamás en la sala de manuscritos de la British Library, a veces mira el cielo y le gusta. Alabado seas, Nadie.






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8. Giardino delle Meraviglie
- Oruro y Urquiza -

Dos manzanas cubiertas por un pasto ralo, changuitos, árboles chuecos, bicis, gente que pareciera compartir algo, cierto desinterés, tal vez, por algo que se les escapa. Son las 3 y 30 de la tarde, es jueves, hay exactamente 243 personas en la plaza: viejos, desocupados, madres, mucamas, bebés, una nena que se cae, el calesitero, el vendedor de pochoclo, los socios del Club Bochín, los chicos que juegan al metegol, los choferes de franco, las vecinas que toman sol con el crochet en la mano, los que se besan, te super quiero, dice ella, y él mira para el lado de la autopista, o tal vez lee el cartel que dice Señor dueño de perros, recoja con la bolsita las deposiciones de su animal. Por momentos, el sol se esconde, su trayectoria es incierta. Ahora podría aparecer de la nada Petrouschka y hacer su número con la muñeca de madera que gira con movimientos mecánicos como en El Louvre de las Marionetas ¿Qué es lo que desencadena esta sensación de tristeza? Pasan pájaros, sombras, vehículos. De todo tiempo, en los tres casos. Todo lejos, muy lejos, del clima urbano en blanco y negro de Jules Dassin.



9. La muerte en Samara
- Chile y Perú -

Según una historia sufí, un mercader sueña que la Muerte vendrá a buscarlo al día siguiente. Al despertar, asustado, decide partir de inmediato a Samara. En el momento en que va saliendo de la ciudad, el Caballero de la Muerte, que acaba de llegar, lo mira pasar perplejo. Después sacude la cabeza y explica a su escudero: ¡Qué curioso, no esperaba verlo aquí, tengo una cita con él mañana en Samara!
También la vida, como la muerte, trabaja en círculos. Ciertas cosas parecen volver, a intervalos concisos, para alumbrar ese enigma que suele ocultar su forma en la inmensa telaraña de relatos que es el mundo.
Esta es la Plazoleta Rodolfo Walsh. Alguien mira desde un conventillo. Hay un hombre con dos pequineses, un banco, una palangana de plástico. Pasan taxis vacíos, un colectivo de la línea 86, un Falcon verde, con patente. Atrás, desde algún lado, una musiquita del Litoral. Pobrísima la plazoleta de piedra. COmpañeros Fusilados, Jorge A. Ulla, Ana María Villarreal, Mario Delfino, Presentes. Disculpe, dice el hombre de los pequineses, ¿qué fecha es hoy? No contesto. (La pasión hace un drama de las piedras inertes.) Carlos Astudillo, Susana Lesgart, Mariano Pujadas, Muerte Ternura.
Esta es la plazoleta Eodolfo Walsh: 3 metros cuadrados de adoquín y vergüenza, una placa del Honorable Concejo Deliberante y cinco pequeños féretros de plástico azul donde se lee Cliba, mantenga limpia a su ciudad. Despues, nada. La impresión de un sueño en el margen borrado de otro sueño. El otoño imbatible. La filosofía de la lluvia, indiferente a la escritura y la maldad, sobre una foto de Trelew que nunca vi. Disculpa, insiste el hombre de los pequineses, ¿sai parlare italiano?



10. Viaje al País de los Tímidos
- Ayacucho y Peña -

Buenos Aires, dijo Le Corbusier, es la ciudad más errónea, inhumana e indefendible que conozco. Penoso espectáculo de pesadilla intensa, dijo. Damero sin espíritu, desorden que vuelve las espaldas a su propio río que, a su vez, no se mira en el cielo argentino y, de ese modo, no ve la fenomenal línea de luz, huyendo desde el corazón de la ciudad, a aras del agua, hacia el extremo abierto de la noche. He pensado, dijo, que nada existe en Buenos Aires. Tomemos por ejemplo, la esquina de Ayacucho y Peña. Allí la Arquitectura está ausente. No hay ateliers de artistas, ni construcciones impalpables, ni monoblocks donde un hombre pensó hace mucho: cuando me haga la casa, pondré un florero en el vestíbulo y mi perrita Ketty tendrá su salón. No hay villas estilo italiano, ni hospitales de estatuas, ni catedrales blancas que repiten la única pregunta humana verdadera: ¿existe o no existe Dios? Desprovista de mar, de árboles y de cielo, esta esquina, definitivamente, desconoce la horizontal insigne. Aquí tan sólo nace Peña. O muere, who knows. 



11. The Pleasures of Urban Decay
-Uruguay y Corrientes -

Transportado de pronto a una de las esquinas de esta ciudad, Julius Knipl, el fotógrafo inmobiliario de la historieta de Ben Katchor, registra en su libretita, indistintamente, lo que ve, recuerda o sueña: una invitación a un concierto, una noche fría de diciembre en que emprendió un viaje alrededor de su pieza, una mujer con tapado de piel y celular en la mano, una isla cuyo motivo es (a veces) feliz, un puesto ambulante de magiclicks, pilas y calendarios, Leopardi en el Diálogo entre la Moda y la Muerte, un carrito azul con dos ruedas que ofrece cubanitos a un peso, un pasaje del Bhagavad Gita, y alguno que otro punk, todo dispuesto como si el arte fuera una retórica del paseo, la obsesión una obsoleta máquina de conmover.
Julius Knipl cambia por un segundo de posición y vuelve a considerar cada cosa, una por una, porque cada cosa es un plano fijo que habla el lenguaje ondulante de las banderas. Después, si está inspirado, pensará: todo aquello que no tengo es lo que paseo, el mundo soy yo. O bien, lo que es igual: no existo en absoluto y por ende, no puedo dejar de existir, How much I love yo, Unreal City. Después, aliviado, retornará a la Isla de la Escritura donde la infancia no pasa jamás.







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12. Teatro interior
- Del Tigre y Quilmes -

Existen varios tipos de ciudades: la Ciudad-torre; la Ciudad-araña; la Ciudad infeliz de los Negocios; la de los Sueños, que repiten la estructura de otro sueño, llamado Vida; la de los Libros, cuya única norma es la ausencia de normas; y la Ciudad de la Muerte, cuyo centro está en todas partes y su circunferencia también. Cada una de estas ciudades, a su manera, busca ser la réplica de un lugar que los libros de viajes diversamente llamaron Nueva Jerusalem, Insula Forunatae, Cockaigne´s Kingdom, Le Paradis de Mahoma, y ubicaron en el tercer cielo, en el cuarto, en la órbita de la luna, en el Ártico, en el actual Mar Caspio, en Abyssinia o en Atlantis, según consta en A Treatise of the Situation of Paradise (P.D. Huet, Londres, 1694). EN alguna de estas ciudades, tal vez, hay un lugar como éste, con un buzón en la esquina, un kiosco para comprar el diario, un sopor de siesta y muros sin revocar, un sol cariñoso que abraza como ponchito de pobres, una bandera azul y amarilla en una terraza con ropa, y un par de cretinos de uniforme azul que salen de un edificio con una leyenda que reza Al servicio de la comunidad. En algunas de estas ciudades, tal vez, está el arquetipo de este sitio impensable.



13. Locus Solus
- Suárez y Lafayette: Estación Buenos Aires -

En otro tiempo, la locomotora habría silbado, pero ahora la estación está desierta. Nadie parte, los relojes se han parado, todo pareciera estar cerrado sobre sí, aislado en un instante siempre igual, que repite una historia incongruente. Podría ser peor (siempre puede ser peor). ¿A qué se debe esta impresión, esta angustia de una partida que no ocurre y sin embargo, está ocurriendo siempre? A propósito, ¿sabía usted que el tiempo no existe, que el afuera no existe, que es imposible distinguir a un maniquí, de u na estatua, de un ser vivo? Es el fin, tal vez, pero ¿de qué? ¿los dones terrestres? ¿el abuso paterno de la historia? ¿la desconfianza, que siempre halla pruebas? Nada más quieto que una partida: todo en su lugar, el cadáver de la nación, el otoño con sus autómatas, la carcajada militar, el hablar poético, el Museo de la Libertad y sus cajitas de música. Si Visconti viviera..., pensó Madame Frou Frou. Hace tiempo que los niños juegan en este siglo breve y la que entró en la estación creyendo que sabía, ahora no sabe si podrá recomponer alguna cosa que deshizo, la separación entre qué y qué. 



14. Lecciones en la Escuela de la Muerte
- Recoleta -

La tumba de Ezra Pound en la isla-cementerio de San Michele en Venecia. La frase grabada en Treblinka: Ici repose le poète Robert Desnos. Los muertos que hablan con sus deudos, asomando la cabeza por los nichos, en un film de Fellini. La inscripción islandesa en la tumba de Borges. El sueño donde me están enterrando y alguien dice: "Déjenla, todavía no ha llegado su tiempo de morir, algunos tabiques entre ella y la Vida siguen en pie". La comitiva fúnebre del Capitán Nemo en el Gran Acuario de lo Irreductible. La bóveda amatoria, sembrada de crisantemos, donde Lyda Borelli espera a su amante en el film Malombra. Los extramuros de El Cairo. La máquina resucitadora de Raymond Roussel. La hermosa caminata inmóvil que Orfeo emprende hacia Madame Lamort, sin saber que se trata de un viaje entre él mismo y él mismo. La sospecha de que todos estamos muertos. El cementerio de libros humanos en Farenheit 451. La frase Between the yes an the no, lies reality. 



15. Carceri d'Invenzione
- Compañía Italo-Argentina de Electricidad-

Gigantesco monasterio junto al río. O tal vez una prisión, como la de Carathis en los abismos de Vathek. O un vittoriale, con altas torres coronadas de templetes y detalles art déco. Un sitio sobrio, en suma, para explayarse en actos de locura. Muy canuto, dice alguien, medio facho. Adentro, la gran nave de los generadores, a medio camino entre la ópera, la bóveda y la transgresión. Los pisos en damero abren sus bocas de grúa y es posible contemplar, si uno se apoya en los rieles, un océano de nuevas bocas y nuevos rieles rodeados de pisos en damero hasta el más hondo abismo. El efecto espejo se reitera hacia arriba, y también hacia atrás, ad infinitum. Entre boca y boca, a veces, se interpone una máquina, un enorme mecanimsmo oxidado y silencioso, como un cuerpo que no supiera qué desear. En uno de los pisos, escuetos hombrecitos circulan perdidos, transversales, ciegos como si creyeran que las escaleras, que ascienden al revés o se interrumpen sin por qué, pudieran conducir a una salida, una interpretación coherente de las cosas. En otro, el poeta Gabriele D'Annunzio escribe el guión de Moloch, al tiempo que ejecuta las Variaciones sobre un Tema de Mallarmé. EN otro, aún, hay círculos, razas de animales, esposas infieles, horóscopos de la sociedad china y 278 opiniones contradictorias sobre qué es la verdad, la pederastia, el incesto, el sistema nervioso y esa sombra muy quieta que postula la muerte como transición trivial. Usted cree soñar, dice alguien, se equivoca, está recordando.





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16. Y la ciudad ahora es como un plano
- Carabelas -

Podría ser la noche, pero no la noche real sino una noche de la mente, repetitiva, obscena, como un film sobre una escena de la infancia, necesariamente trunca para que el Deseo sueñe con la imposibilidad serena de una cicatriz. En una de las veredas, un cortejo de seres desahuciados: gente que eternamente pide cosas, familias enteras sin techo, jóvenes a punto de abortar poemas en oficinas públicas. En la otra, incomprensiblemente, el juego magistral de espejos de La Dama de Shanghai.
Alguien, tal vez, podría aclarar la diferencia entre los verbos ser y estar (la semejanza entre un poema y eso que, en el ser, no es nuestro), y así borrar la voz de tantos animales parecidos a la pérdida. La mujer que pasa ahora a mi lado articula un laberinto mudo, como un scrabble: palabras cruzadas contra una fantasía amotinada. No te separes del no, dice, no lo llenes, no lo vacíes, no dejes que nadie te lo nombre.



17. Evita vive entre nosotros
- Posadas y Callao -

¿Dónde queda esta esquina en relación a Bagdad, a la galaxia Andrómeda, al problema 20 de Aristóteles? ¿Qué E.T. señalando a aquí diría HOME? ¿Quién, parado bajo esta ochava, pensaría que el espacio es una duda, una ambición, un estado de ánimo? No, el tiempo no cura las heridas. No tiembla la puta oligarquía. Un cartel indica el Aeropuerto Internacional de Ezeiza. Otro, invisible, las casas donde vivían Bioy y Pepe Iglesias, el Zorro. A este sitio, que un road movie no registraría, nadie llega o más bien, llega la imagen de Nadie, casi petrificada, angustiante. Ahora mismo, esa figura podría ponerse a gritar Me horroriza la patria, o bien (según el día) dibujar un mandala, donde estaban los autitos chocadores del Ital Park. Nada, en verdad, fuera de lo común: no hay gran cosa que temer o esperar cuando se balbucea el lenguaje del hijo, del exilio. Podría emprenderse la búsqueda del lugar y la fórmula, habitar hasta la asfixia la Torre de la Emperatriz donde reinan la omnipotencia y la puerta, cada vez más chiquita, del yo. Podría insistirse en la pregunta inaccesible, escribir un tratado sobre el arte de sitiar una ciudad. Pero es difícil hacerse personar. Es difícil huir d ela duda y la certeza.



18. El cuerpo del delito
- Solís y 15 de noviembre -

Una cuadrilla de obreros que ponen vitalco en la calle, un negocio de aditivos Bardhal, vecinas que sueñan con ganar un billete de la Nacional. ¿Esto es un barrio barrio? Sonría, dice un cartel a la entrada de un garaje, lo estamos filmando para su seguridad. A la izquierda, un mural de mosaicos con varias escenas campestres, a saber:
1) Cielo parcialmente nublado, terreno anegadizo, dos gauchos arreando ganado en medio de la pampa;
2) Algo en el camino: locro y asado de cuero. ¿El mundo es lo que ocurre entre lo que se ve y lo que se ve? ¿Su tema es la nada, la longitud de los intervalos? ¿La imaginación es un atajo hacia lo más indescriptible? Dos vacas de encantadoras pintitas se acercan al fogón;
3) A lo lejos, típica escena de cacería de ñandúes. Los gauchos blandiendo las boleadoras mientras las aves huyen a toda carrera hacia la Bahía de Samborombón.



19. Nieblas del Riachuelo
- Bonorino y Riachuelo -

Corriente líquida de fuente desconocida. Dicen que los genoveses llegaban desde su campamento, remontando el miedo y el cocoliche de sus casuchas de lata, para pescar y, a veces, para ver las regatas del domingo. ¿Te imaginás a Madame de Guermantes, con sombrilla, deslizándose en góndola por aquí? Después, vinieron las fábricas, Leopoldo Lugones, los pobres del otro lado, siempre del otro lado, indestructibles, como el Teatro Negro de Praga o el Gran Circo Criollo o Quindimil. Después, esos mismos pobres cruzaron las aguas como si fuera el Rubicón para poner las patas en la fuente o el alma al filo de la realidad. Después, ya nada se movió, apenas esos botecitos a los que se accedía por una escalera inestable y que te cruzaban a la isla de las Prostitutas, media legua arriba de la Ciudad-Pecado, esquivando heladeras, serpientes de goma, insectos amorosos, como si fueras la Olympia de Manet en la barca de Caronte y te dirigieras a un affaire más allá de toda lógica, entre la noche y los mapas que no coinciden con la realidad.





Buenos Aires tour










20. Distance is the Soul of Beauty
- Luppi y Centenera -

Hay que apoyarse en el pie izquierdo y empezar a girar. Primero muy lento, como si en cada inhalación entrara el mundo, en cada exhalación saliera ese teatro, ese manojo de emociones turbias que llamamos el yo. Hay que dejar que todo llegue, incluso un vértigo plano (aquí empieza la pampa, escribió Borges) y también la UB  Felipe Vallese, la feria de ornitorrincos, el colegio donde estudió Homero Manzi, la gente de mal vivir, la que vino de Polonia, la mercería La Palestina, la Meteoro Bailable y el eterno combate entre Martín Karadajian y el Soldado Apátrida; en una palabra, el alma del suburbio. Hay que gritar. Hay que ir cada vez más rápido, sin distraerse, como un derviche de Konya, con los brazos extendidos y la mirada abierta para que la muerte haga su juego, y despliegue su enorme tablero de nacimiento, decrepitud y vacío, hasta que las cosas, las calles, los seres, pierdan su consistencia, como si se hubieran separado de su nombre, y no quede sino una luz como una flecha de agua, suspendida para siempre, en la sabiduría de lo efímero.



21. Cuéntame tu vida
- Sarmiento y Callao -

La pista de hielo es blanca, la noche blanca, el parque blanco, los edificios blancos, la música blanca (como en EL viaje de invierno de Schubert). En el centro del ring, una nena de tutú blanco y piernitas chuecas tiene los brazos en alto, como si el gesto le alcanzara para alejar un poco a la sombra de la muerte. En la Ciudad Extranjera, todo es posible: las pasiones se rigen por las imágenes, hay desamparos felices, los patinadores son bailarines que van de un sueño a otro sin acordarse de nada, que es la manera más sabia de ser. Y así, cada cual cumple su círculo,  traza, entre la imaginación y las luces, ese collar de frío donde el invierno deletrea su sueño de espía, como si fuera Ninotchka. Sólo la nena del tutú blanco permanece quieta. ¿Qué quiere decir un error? se pregunta. Después recita un monólogo, un atropellado recuento de cosas como si quisiera sitiar un mundo, poseer una absurda colección de datos que le explicarían, tal vez el porqué de algo: Esquilo, la Torre de Londres, los medos y los persas, el barroco, las dicotiledóneas, la quimera monstruosa, Goliat, los lapones, Beniamino Gigli y la expansión del Japón. Cómo sabe, dice un viejito que la escucha, merece una bandera. Lo sacó del Lo sé todo, denuncia otro. ¡Qué bajón! dice un tercero, no sabe patinar.



22. La lentitud o Cómo leer poemas
- Autopista Arturo Illia -

Después de todo, en la Posada del Oso, los niños seguirían jugando, se convertirían en un interior, como esos sabios que alguna vez habitaron una choza en una montaña tan alta como la sed o la ignorancia, y allí repitieron su nombre como un mantra y encontraron la felicidad sin causa, es decir su muerte iluminada o noche natural. Después de todo, los niños llegarían, tarde o temprano, a una casita en el bosque con un jardín encantado, como esas que existen en los Alpes suizos o en la bella hoja ilustrada de un libro infantil, y allí verían el secreto de las cosas simples: una piedra, un mosquito, un hombre, un gorrión, un gusano, una flor, un arbusto, un caracol, una nube, o tan sólo un pequeño trozo de papel donde no hubiera nada escrito y sin embargo, pudieran leerse todos los poemas por venir (porque los nuevos poemas no son sino los viejos, por un momento olvidados). Después de todo, cada niño encontraría, a su debido tiempo, su propia fecha imantada: la flecha circular del sufrimiento, la flecha suspendida del exilio, la absorta del amor, la que va de la infancia a la muerte y nos precede y nos sigue como un destino, es decir, la flecha que somos, sin arco y, acaso también, sin arquero. Todo lo demás es una pérdida de tiempo, pensó el poema, y debe pagar peaje, como los pensamientos y otros visitantes molestos que no hacen más que cruzar el campo infatigable del corazón.



23. Tell us in not more than 250 words why your girl is the sweetest girl in town

Las hay amarillitas, rayadas y cuadradas. O bien rectangulares de losa gris oscuro. O bien caladas, tipo baldosa. O bien rotas o sueltas (habría que poner un cartel ¡Peliegro, no avanzar!  sobre todo para las viejitas que no ven y se pueden caer). Las hay con un perro apoyando una pata. Y también con una capa de escarcha encima, cuando hace frío y los chicos están por entrar al Campagnat. Y hasta pintadas con aerosol, con alguna leyenda pública o privada, por ejemplo Luche y Vuelve (en los años 70) o Fabi, te re quiero(en el 2000). Las hay que tienen sombra porque hay un árbol cerca, y otras que se iluminan de noche, cuando el peatón roza la puerta de un edificio miedoso y se enciende la luz. Las hay imperceptibles para la depresión, salvo que llueva y te salpiquen y te manchen las medias. Están las cubiertas de hollín, las que sumadas cinco veces dan un metro, las que no hay que pisar porque traen mala suerte, las que la nieve nunca cubrirá, las que no existían cuando gritaba Pampero en las rendijas y metía el frío del desierto en el interior de las chozas, las que ya no existirán cuando usted lea esto, más que en el Museo de la Ciudad. Ninguna de las variedad expuestas ut supra responde al significante trottoirs, hélas...