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2/06/2019

Hotel Hastings. Eduardo Padilla.

















En el Norte me dicen Ed y acabo de enterarme de que los cartógrafos le dicen Ed a las islas de Existencia Dudosa.





¿Las islas existen? ¿Los nombres, los cartógrafos? ¿Qué son las islas de Existencia Dudosa, las que permanecen arriba de la superficie marina horas, días, meses? ¿Nuestro continente no tendrá también una Existencia Dudosa? ¿Sus habitantes? Pienso en aquella declaración: "Soy el que Soy": qué sujeto tan sospechoso, ¿alguien serio lo consideraría digno de aparecer en un mapa, en un libro, en el registro de huéspedes de un hotel? Pienso en todas habitaciones, edificios, museos donde algunas personas se pasean con una sábana sobre lo que fue su cuerpo, en aquellas que masticaron un pastel de fresas durante dos horas tiradas en el suelo de una cocina. Pienso que sería de gran utilidad que en las guías turísticas de cada ciudad existiera el índice con los nombres de los niños muertos antes de los cinco años. Pienso en las personas que se drogan tranquilamente antes de dormir. En las que regresan a su tierra y encuentran una historia descompuesta del viejo Oeste.




Soy el extraño.

Me han dado el último cuarto
junto a la escalera de incendios.
Quiero ser como ellos,
quiero una familia.
“No puedes ser como nosotros,
tú eres como él.”
Señalan con el dedo al Hombre Invisible.
El Hombre Invisible no habla con nadie.
Se desliza con rapidez en línea recta.
Cuando gira sólo gira noventa grados.
Sólo es visto de perfil.
Va enfundado en gabardina, gorra y lentes negros.
El Hombre Invisible es un jeroglífico humano.
Un día lo seguí por la calle.
El Hombre Invisible dio vuelta en una esquina,
luego en otra y luego en otra
y caminó veloz de vuelta al hotel.
Pero por un instante lo vi quitarse las gafas:
era el doble de Dustin Hoffman.
“Se han dado cuenta que el Hombre Invisible
es idéntico a Dustin Hoffman?”

Pero a nadie ahí le importaba un carajo Dustin Hoffman.



Los libros más hermosos del siglo XXI son aquellos donde solo hay nombres. Homenajes a Spoon River, memoriales de los accidentes nucleares, de los sismos, de los campeones mundiales de las cien mil asociaciones de deportes profesionales de América del Norte. Avisos con los ganadores de las becas de posgrado o con los integrantes del nuevo santoral: los milagros académicos este milenio tienen más glamour que la comunicación directa con el más allá: el aburrimiento más que la metafísica. 




Me hice una maestría de estar parado
haciendo fila
en las cafeterías del gobierno.
Perdí la cuenta de todas las veces
que vi a Buddha
parado en la misma fila
frente a mí.





"Los sitios verdaderos nunca tienen un mapa". Los lugares en los que hemos vivido son un lego al que faltan las piezas: el taxi que abandonaron durante veinte años y que una noche los vecinos desmantelaron, la peluquería donde solo los hijos de los árabes se dejaban tocar el cabello, la esquina donde tiraste un frasco de catsup y que dos perros se tragaron y luego murieron envenenados. ¿Recuerdas esa obra donde hay una mesa, su representación visual y su definición escrita? ¡Arte conceptual! Ahora imagina un documental en el que reúnes a tus vecinos y los retratas, después haces una animación con sus cuerpos y narras una historia que los inmiscuya (por ejemplo: esa en la que las vecinas tocaron a tu puerta para acusarte de locura) y después mostraras sus documentos: actas de nacimiento, cartilla de vacunación, permiso de conducir, acta de defunción. 




Cómo puedo describir Vancouver
si apenas sé describir una silla.

Hay un océano enfrente
y una isla que separa
a los monstruos.
¿Qué pasaría si no hubiera una isla?
¿Se comería el mar a Vancouver?
¿La dormiría en su pecho?

Aquí todo es limpio y estéril,
toneladas de aburrimiento vertical
en el distrito financiero.
Los nuevos tótems no tienen la gracia
de los antiguos—
¿qué es un tótem sin sus animales?
Es la ciudad de Vancouver.

Mejor no vengas. 




¿Cómo comunicar lo que es una ciudad en menos de 100 palabras? ¿Cómo describir a sus pobladores y sus malestares cuando cada calle te resulta un anuncio del desapego? ¿Cómo explicar la textura de los jabones cuando han sido usado por mucho tiempo?






Los turistas entraban a mi cuarto
y se paseaban alrededor de mi cama.
Me tomaban fotos.
Me quitaban los zapatos,
me quitaban la camisa y los pantalones.
Era gente joven y espantosamente guapa.
¿Y qué era yo?

Pero la luz se fue extinguiendo

y yo me olvidé de aquella pregunta.




Príncipe de Aquitania en una edificación que crece según tu estado de ánimo. La suerte del desterrado que se burla de sus gestos, de sus tics y de su superstición. La novela de una locación que engulle a sus protagonistas. Para algunos las escenografías intercambiables de las cintas gore y de clase b, para otros esos pasillos y puertas con música desquiciada pero comercial de Lynch, para los esotéricos el Overlook y para los despistados esa colorida simetría Budapest. Extranjero que pasa. Extranjero cuyo éxtasis son las carreras lisérgicas de Mario Kart. 




Quiero pensar que el Hotel Hastings
tiene 13 pisos
cuando en realidad
sólo tiene dos.

Quiero pensar que tenía dos pisos
antes de mi llegada
y que le creció de golpe el 13
cuando entré por la puerta.

Piso uno, piso dos
y piso trece.
Un vacío cósmico
entre los primeros dos
y el 13.

Para acceder al 13
no hay que subir del dos
ni bajar del uno.
Hay que tocar a mi puerta
y entrar a mi cuarto.
Hay que llevar golosinas.
Hay que charlar un rato conmigo.
Yo soy el piso 13.
Sólo yo puedo regodearme
en este destino
y ser más o menos feliz
siendo un piso 13.
Here, sir, fire, Eat
Roberto Matta





Durante el siglo pasado los autores y críticos hablaron de novelistas que escribieron en prosa los mejores libros de poesía, tomaron la música y lo concreto (más de 600 páginas como mínimo) del verso para explorar los límites de sus historias. En el siglo xxi comienzan a ser los poetas los que sustraen las técnicas y las estructuras de los narradores. La vida de un hotel: instrucciones de uso. La vida de un hombre que disminuye: instrucciones para robar y empeñar sus pertenencias. Son este tipo de historias las que mejor muestran el proceso de la escritura. Spider: aquel hombre: su encierro, su miseria, su desorden mental, su paranoia, su desesperación, su delirio, su lenguaje secreto y su cercanía con el hambre. Pero más que tramas, secuencias, monólogos interiores, suspenso lo que Padilla logra es fotografiar atmósferas.





Seguí el consejo del carnicero
y me fui a mi cuarto a pensar.

Prendí el foco.
Apenas eran las 3 de la tarde
pero en mi habitación no había ventanas;
era pues, como vivir
en un sarcófago.

Me acosté de espaldas.

Mi reflexión se esfumó
y mis ojos estudiaron
una mancha
que había en el techo.

Mark.. ya hablaré de Mark
más tarde…
Mark
me informó que esa mancha
era de sangre.
Había entrado a mi cuarto
semanas antes
para venderme drogas
y mientras esperaba de pie
en el vano de la puerta
dijo:
“Ah, mira eso.
Tú también tienes
manchas en el techo.”
Yo ya había notado
el manchón parduzco
pero no le había dado ninguna importancia.
“¿Sabes qué es eso?
Es un chisguete de sangre,
es sangre de yonqui.
Es algo que ellos hacen.
A veces se meten la aguja
y sacan un poco.
Luego apuntan con la jeringa hacia el techo y
¡fip!
Es una costumbre.
Así es como van dejando
su marca en el mundo.”

La mancha en el techo
tenía una cierta gracia caótica.
Recordé un documental que había visto
el año pasado,
Jackson Pollock pintando lienzos
con un palo.

Tirado sobre la cama
me pregunté si Mark
ya había estado en mi cuarto
antes que yo.
Tal vez había vivido ahí
o tal vez
le había vendido drogas
a algún remoto inquilino.

Tal vez la sangre en el techo
era de Mark.

Mientras mis ojos comenzaban a apagarse
yo escuchaba la voz de Carl Sagan
llegando a mí
desde una repetidora
en algún punto remoto
de la infancia.
El telón de mis párpados ya había caído
sobre la humilde escena
pero yo podía ver con tenebrosa claridad
las partículas de aquella mancha
flotando
como un cielo estrellado
en la negrura de mi sarcófago.
Mi cuerpo se despegó del colchón
y comenzó a gravitar hacia ella.
Mi ascenso era infinitesimalmente
lento
pero la voz de Sagan estaba ahí
para consolarme
y explicarlo todo.  





Ahora imagina varias secuencias de The limists of control musicalizadas con Spiderland. Imagina que el protagonista es una especie de Conrad o de Jarmusch al que le gusta conducir durante cuarenta horas para conseguir un encendedor, viajar miles de kilómetros para ver a Laurel Near cantar dentro de un radiador. 






Eduardo Padilla
Hotel Hastings.
Ediciones Cinosargo.




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5/26/2017

Cinco poemas de Eduardo Padilla.






The Incredible Shrinking Man

A mi primera esposa le dije que me fascinaban los desiertos aunque me horrorizara vivir
en ellos,
que un estacionamiento para cinco mil autos es un paradigma de belleza sólo antes
de ser abierto al público,
y que mi hobby era coleccionar crucigramas pero no llenarlos; plastificarlos, sí, pero dejarlos siempre en blanco.

A mi segunda esposa le dije que el silencio es el regalo perfecto—
universal, maleable a toda ocasión, y más noble que la mejor madera.

A mi tercera esposa le dije, cierra ya la boca.

El tiempo todo destruye, el tiempo todo lo abrevia.







No dejes que la repetición te afecte, Naranath Bhranthan

He observado que las cosas nunca terminan de acabarse. Será que el fin del mundo comienza cuando el mundo inicia, pero llegando a la meta recuerda que dejó las llaves pegadas en alguna puerta y ahora tendrá que volver a buscarlas y dar otra larga vuelta sobre su eje.
Recuerdo mi infancia en los suburbios. Una vez llovió tanto que el mar se desbordó en nuestra calle. Había que dejar que los escualos pasaran primero, en las esquinas. Luego, por las noches, los oía hurgando en nuestros botes de basura. A mí me parecía que ese tenía que ser el fin del mundo. Mi padre me escuchó decirlo, y me respondió más o menos de esta forma: “Espera, tranquilo. No es nada. ¿Te crees que esto va mal? Las cosas siempre pueden empeorar un poco. Las cosas son indestructibles. ¿Sabes por qué lo digo? Porque siempre pueden empeorar. Luego tal vez mejoren, y luego, de nuevo, invariablemente, vuelven a empeorar. Las cosas nunca llegan a nada— Tú tampoco llegarás a nada. No pongas esa cara, yo tampoco llegué nunca a nada. Pero no importa. No me arrepiento de haber embarazado a tu madre.”

Y afuera los escualos, rasgando la basura.

Echo de menos los suburbios de mi infancia.








Delta

El domingo bajamos hasta el delta
con la idea de asistir a un matrimonio arreglado
entre dos antípodas.
Compraríamos víveres,
venderíamos pieles,
pasearíamos por la plaza a la hora desierta
y ajustaríamos el reloj de mi padre
con el reloj de la iglesia.

En algún punto del río llegamos a un remanso.
Un pato azulón nadaba junto al bote
con la magia particular a los patos,
esa forma de andar fácil sobre el agua.
“Que pato tan guapo”, decía Sarah, mi hija,
mientras yo miraba absorto la estela
y asentía mansamente.
Años después Sarah me escribe para contarme
del fenómeno de la necrofilia homosexual
en el Anas Platyrhynchos.
“Uno de cada diez patos azulones es marica, y una lo entiende,
pues si te fijas, las hembras del ánade real son aburridas e insípidas,
su color es marrón, sin ese collarín blanco tan dandy que tienen los machos,
sin esa cabeza azul de ensueño. Leí también
que el pato azulón a veces coge por la fuerza, que de hecho
la violación es común y frecuente,
y que muchos de los estupros se dan en el aire
(me voy a hacer un tatuaje que diga
The canard may give a flying fuck, but I don’t).
En Holanda un hombre de ciencia
estaba ocupado escribiendo un ensayo
cuando dos patos azulones chocaron contra su ventana.
Los dos eran machos.
Al salir a observarlos el hombre dedujo que uno de los patos buscaba amor
al momento del choque,
mientras que el otro le huía;
ahora, uno de ellos estaba muerto
mientras que el otro le picoteaba la cabeza.
Al comprobar que el muerto estaba inmóvil y pasivo,
como los muertos bien suelen estarlo,
el pato activo montó el cadáver con gran energía,
soltando graznidos a metralla,
y desplegó su plumaje con pompa solar
como si estuviese posando para una insignia
o para la contracara de una moneda.”

El pato azulón nos acompañó hasta que el río dio un nuevo giro,
y las aguas retomaron su vivo pulso.
Sarah y yo bromeamos sobre la cola metronómica del pato
y observamos su estela disolverse en la nebulosidad del bosque.

A media tarde llegamos a las orillas del pueblo,
donde el violeta de las flores
y el rojo de los ladrillos
anunciaban la mundana muerte y resurrección
de todas las cosas.













Caribdis antes de la calvicie

1.¿Quién?
a) Naturalmente, el leñador.
b) El leñador, muy a pesar de sí mismo.
c) El leñador, bajo coerción de la esposa latente en su costilla.
d) Rincón Agnóstico: ninguna de las anteriores.

2.¿Qué?
a) La inauguración del bosque.
b) El acto de besar la lona.
c) La caída en los precios de la carne.
d) Rincón agnóstico.

3.¿Cómo?
a) Por mediación de la aorta.
b) Magia Negra/ Hacha Ociosa/ Primera Fisión Atómica.
c) La Gallina de los Huevos de Oro se lo buscó, la muy puta.
d) Ninguna de las anteriores.

4. ¿Cuándo?
a) Antes o después de gritar fuera abajo.
b) Fuera abajo entendido como t = (cero).
c) No había nadie en el bosque para escucharlo caer (pero sí
para reportar que no había nadie en el bosque).
d) Zenón de Elea dispara una flecha a través del cielo;
la flecha (al igual que el balón de rugby
en la alameda de Rousseau) simplemente
no se mueve.

5. ¿Dónde?
a) En todas, en ninguna parte.
b) Entre la alfombra roja de Escila y el remolino en la nuca de su progenie.
c) No veíamos el bosque de tanto árbol, así que tuvimos que talarlo todo.
d) (este espacio) Se Renta.









Mi Obituario

Aquí yace Eduardo Padilla mientras los gusanos
barren su proscenio
o desmontan sus espectaculares
o vierten manteca sobre sus crucigramas,
purificándolo de toda ficción.

El señor Padilla fue poco más que un animal
y poco menos que un hombre,
así pues, una persona afligida por el mal que los estudiosos llaman
consciencia.

A pesar de sí mismo y sin saber lo que hacía, Eduardo

caminó como pato
nadó como piedra
cayó como géiser
corrió como ancla
y esperó como dique.

En su harta insolencia tuvo hartos ratos libres, en los que

pensó como sauce
lloró como sauce
bebió como sauce
jugó al futbol como sauce
; al darse cuenta de que esto no funcionaba

jugó al idiota como quien siente el llamado de la profesión desde temprana edad.

Si es verdad que Lalo
hablaba como Loki
(cuando nadie lo escuchaba)
también lo es que
bailaba como pelea de gallos
(cuando nadie lo veía)
y que desde mucho antes de escribir esto él ya
dormía como río
aunque sólo con el tiempo fue que aprendió a
cantar como urraca.

En resumen, aquí yace un individuo que
vivió como cordero
rió como hiena
escribió como gato
cogió como pudo y
murió como perro.

“Que Dios lo recoja y le dé una última oportunidad como barrendero en los urinales

y pasillos del cinema porno que irradia amor ultravioleta desde la cúpula del Cielo.”






1/07/2014

The incredible Shrinking Man













A mi primera esposa le dije que me fascinaban los desiertos aunque me horrorizara vivir en ellos,
que un estacionamiento para cinco mil autos es un paradigma de la belleza sólo antes de ser abierto al público,
y que mi hobby era coleccionar crucigramas pero no llenarlos; plastificarlos; sí, pero dejarlos siempre en blanco.

A mi segunda esposa le dije que el silencio es el regalo perfecto-
universal, maleable a toda ocasión, y más noble que la mejor madera.

A mi tercera esposa le dije, cierra ya la boca.