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1/14/2014

El importante Bertolt Brecht no comprende las cosas más sencillas. Pero reflexiona sobre las más complejas como el pastito.













INFORME SOBRE LA MUERTE DE UN CAMARADA

Cuando caminó hacia el paredón para ser fusilado
iba hacia un paredón levantado por sus iguales.
Y los fusiles que apuntaban a su pecho y las balas
habían sido hechos por hombres como él. Que no estaban
presentes, o habían sido dispersados, pero para él estaban
presentes en la labor de sus manos. Ni siquiera los encargados
de dispara sobre él eran distintos a él, y no por siempre cerrados a la comprensión.

Por supuesto que además iba esposado con cadenas, forjadas
por camaradas y colocadas al camarada. Más densas
se hacían las fábricas, desde el sendero al paredón.
Él las iba viendo, chimenea tras chimenea, y por ser de madrugada
-es de madrugada cuando los llevan por lo general-
estaban vacías, pero él las veía llenas
de aquel ejército que no había dejado de crecer constantemente
y aún seguía creciendo.
A él sin embargo, ahora lo llevaban al paredón sus iguales,
y él, que lo comprendía, no podía comprenderlo






PREGUNTAS DE UN OBRERO QUE LEE

¿Quién construyó Tebas, la de las siete puertas?
En los libros están los nombres de los reyes.
¿Los reyes arrastraban los bloques de piedra?
Y Babilonia, tantas veces destruida,
¿quién la reconstruyó una y otra vez?
¿En qué casas de la dorada Lima vivían los que la levantaron?
La tarde en que se dio por terminada la gran muralla china
¿adónde fueron los abañiles?
La imponente Roma está llena de arcos de triunfo.
¿Quién los edificó? ¿Sobre quiénes triunfaron los césares? 
¿Los habitantes de Bizancio, cantada en mil alabanzas, vivían todos en palacios?
Si aun en la legendaria Atlantis, la noche en la que la tragó el mar
los que se ahogaban aullaban reclamando sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India.
¿Él solo?
César derrotó a los galos.
¿Ni siquiera llevaba un cocinero consigo?
Felipe de España lloró cuando se hundió su armada.
¿Nadie más lloró ese día?
Federico II venció en la Guerra de los Siete Años. 
¿Quién venció además de él?
Cada página una victoria.
¿Quién cocinaba el festín?
Cada diez años un gran hombre.
¿Quién pagaba los gastos?

A tantos informes
tantas preguntas.








El importante Bertolt Brecht no comprende las cosas más sencillas. Pero reflexiona sobre las más complejas como el pastito.












AL RECIBIR LA NOTICIA DE LA ENFERMEDAD DE UN PODEROSO GOBERNANTE

Cada vez que el gran imprescindible frunce el ceño
se tambalean dos potencias mundiales.
Cuando el gran imprescindible muere
el muro entero mira angustiado en torno,
como una madre que no tiene leche para su hijo.
Si el gran imprescindible regresa una semana después de su muerte,
en todo el imperio no se encontraría para él ni un puesto de portero.







LA SOLUCIÓN

Luego del levantamiento del 17 de junio
el secretario de la Unión de Escritores
hizo distribuir volantes en el Bulevard Stalin
en los que podía leerse que el pueblo
había defradudado la confianza del gobierno
y que sólo duplicando la producción
podría recuperarla. ¿No sería más sencillo entonces
que el gobierno disolviera al pueblo
y eligiera otro?





ESTO QUIERO DECIRLES

Me pregunto: ¿Para qué hablar con ellos?
Compran sabiduría, para luego venderla.
Quieren saber dónde hay sabiduría barata
para venderla cara. Entonces,
¿por qué iban a querer conocer el argumento
que habla contra la compra y la venta?

Quieren el éxito.
En contra del éxito no quieren oír nada.
No quieren ser sometidos.
Quieren someter.
No quieren el progreso.
Quieren la ventaja. 

Son obedientes a todo aquel
que les promete que darán órdenes.
Son capaces de sacrificarse
para que quede en pie la piedra del sacrificio.

Qué voy a decirles a esos, pensé. Esto 
quiero decirles.